Japón: ¿diferencias culturales o el futuro que nos espera?

CINTILLO reportajeCELIA FERNÁNDEZ.  “Sustituir a una mujer de carne y hueso por una muñeca tiene muchas ventajas, sabemos que limitar el deseo sexual masculino es difícil. Nuestras muñecas no son complicadas, ni pesadas y por supuesto no hay que hacerlas regalos. Por eso les recomiendo que pongan una muñeca en su vida en vez de una mujer de carne y hueso”.

Estas palabras espeluznantes, han sido dichas por Nakamura, un empresario japonés

Arte de Utamaro

Arte de Utamaro

de objetos eróticos. Su empresa se basa principalmente en la fabricación de muñecas de silicona a tamaño real, puedes elegir el tamaño de sus senos, el color de su pelo, de ojos, la flexibilidad de su vagina, tienen 28 articulaciones y dentro de pocos años serán capaces de gemir cuando las acaricias, susurrar palabras tiernas e incluso memorizar las prioridades de sus propietarios.

Los hombres japoneses prefieren lo imaginario a lo real. Se han vuelto vagos, no tienen ganas de conquistar a una mujer, sólo piensa en su satisfacción final. Sin tener que preocuparse por hacer disfrutar a la otra persona. Fumiyo, un joven de 40 años que lleva años sin  hacer el amor con su pareja,  acude a centros especializados para que satisfagan sus deseos sexuales. “Si me preguntan porque se me hace tan pesado hacer el amor, es porque cuando hago el amor a una chica no puedo evitar pensar en su placer y si me voy con una prostituta también pienso en que ella disfrute. Por eso solo quiero obtener mi placer personal. Se puede decir que mi placer sexual se resume en eyacular”.

Japón se encuentra con una floreciente industria del sexo, pero sin embargo tiene el récord de abstinencia sexual. Un tercio del país ha dejado de hacer el amor con su respectiva pareja. La tasa de natalidad ocupa el último puesto del ranking mundial. Antes las mujeres ponían la excusa de que les dolía la cabeza, ahora los hombres japoneses son los que dicen a sus mujeres que están cansados.

La sociedad se ha vuelto cada vez más individualista, no saben comunicarse con su pareja, ni entienden lo que es compartir su vida con alguien.  Podemos pensar que este es el futuro que nos espera, personas que viven solas, que se preocupan de sí mismo y que prefieren obtener su placer de manera individual. La industria del sexo en Japón ha usado su creatividad y su imaginación para que esto sea posible y se opte por el camino fácil. Alejarse del sentimiento, del amor, de las complicaciones que pueden surgir cuando tienes una pareja, se han vuelto unos seres cobardes que no quieren ni sentir ni padecer, sólo preocuparse de ellos mismos.

Cuando algún japonés te cuenta que el sigue creyendo en esa pareja que se quiere, que se respeta, que se valora y que comparten juntos una vida tanto sexual como sentimental, ellos mismos te dicen que su visión es tradicional y que quieren seguir pensando que conseguir eso en Japón puede ser posible. Algo que a nosotros nos puede asombrar, ya que, el concepto que tenemos nosotros sobre una relación es exactamente ese y no nos parece tradicional. En España podemos decir que es “moderno” o que “la sociedad ha cambiado” porque cada vez las parejas se casan menos o no tienen hijos. Pero en la sexualidad no se ha cambiado. Tanto los hombres como las mujeres siguen sintiendo deseo por su pareja.

Minori, una feminista que es propietaria de un sexshop en Tokio con más de siete mil  juguetes sexuales solo para satisfacer el placer femenino,  dice que “la relación sexual ya no es placentera, se ha convertido en una obligación que no te satisface y que encima te exige”.

¿Nos estamos volviendo de verdad tan superficiales?  ¿Sólo queremos obtener placer de la manera más rápida posible y sin complicarnos lo más mínimo?

Para Iku, su boda supuso que su marido no la volviera a tocar. Sus tres hijos fueron concebidos por fecundación in vitro. “Ha logrado tener tres hijos sin asumir su papel de marido, es un timo. Realmente he tenido a mis hijos yo sola. Cuando le digo que los he tenido yo sola, pone cara de no entender”.

Yoko, cuenta que en sus diez días de viaje de novios no hicieron nada. “Hasta el tercer año de casados solo hacíamos el amor dos o cuatro veces al año, siempre era yo la que lo pedía. Al final se fue a dormir a otra habitación, me dijo que no tenía nada que ver con el sexo. Sinceramente no le perdono a mi marido que me haya privado del sexo en los mejores años de mi juventud, le odio por eso. Antes lloraba siempre, pensé incluso en el suicidio. Luego pensé en rehacer mi vida, pero no quería disgustar a mis padres y decidí mantener las apariencias”.

Sin embargo, otras mujeres son ellas mismas las que toman la decisión de dejarlo de hacer. “Simplemente hace un tiempo determinado que no mantengo relaciones sexuales con mi marido. Porque decidí que quería hacer otra cosas con mi vida, pero no es una decisión definitiva. Para mí la pareja no se basa en el sexo, personalmente yo quería probar cosas diferentes por mí misma, quería tener experiencias nuevas”. Lleva sin hacer el amor con su pareja veinte años.

Estas declaraciones asustan. Y quizás esto sea lo que nos espera;  preferiremos vivir solos, sin complicaciones, sin compartir con otra persona nuestra vida, solamente dedicarnos a nuestro aspecto y a nosotros mismos. O tal vez  los japoneses sean muy diferentes a nosotros y nunca llegaremos a ese nivel. De momento no podemos predecir nada, pero sí que es un tema que nos permite reflexionar acerca del futuro que nos espera.

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